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martes, 26 de septiembre de 2017

Informe CYD 2016. Graduados universitarios y mercado de trabajo


El segundo capítulo del Informe CYD 2016 consta de cuatro apartados. En el primero de ellos se caracteriza a los egresados en las universidades españolas. En este sentido se indica que en el curso 2015-2016 se graduaron 203.253 personas en grado, con un descenso del 9,1% respecto a la cifra del curso anterior, que se suma al ya experimentado entonces. En cambio, los egresados en máster oficial no cesan de crecer desde la creación en 2006-2007 de esta clase de estudios. En 2015-2016 ascendieron a 90.393, un 20,4% más que en el curso precedente. La participación de las universidades privadas y de las universidades a distancia ha aumentado en la última década, suponiendo ya las primeras el 15,3% del total de egresados en grado y el 32,2% de los de máster y las de a distancia el 5,5% y el 16,4%, respectivamente. Respecto a las características personales de los egresados, casi el 60% eran mujeres, tanto en grado como en máster; algo más del 35% de los graduados en grado y del 62% de los de máster ya habían cumplido los 25 años, mientras que los egresados de nacionalidad extranjera tenían una reducida importancia relativa en el grado (3,2% del total) pero notable en el máster (19,3%). Prácticamente la mitad de los egresados en grado y el 63% de los de máster oficial se habían titulado en estudios pertenecientes a las ciencias sociales y jurídicas. Ingeniería y arquitectura y ciencias de la salud seguirían en importancia (pesos relativos cercanos al 20% en los egresados en grado y del 12% en los de máster). Por lo que atañe al desempeño académico de dichos egresados, en los últimos cursos menos de cuatro de cada diez lograron terminar los estudios en el tiempo teórico previsto, tomando la cohorte de entrada que se tome y la duración que se considere (4 o 5 cursos). Y menos de uno de cada dos los lograba terminar en el tiempo teórico previsto más un curso adicional. En otros términos, más de la mitad necesitaba al menos dos cursos más de los establecidos en el plan de estudios para acabar la carrera. Los resultados referentes a los estudios de máster oficial eran mejores. En promedio, en los últimos cursos, algo más de las tres cuartas partes de los que empezaron un máster oficial de un año lograron acabar en el tiempo establecido, siendo el porcentaje correspondiente para los másteres de dos años del 64%.

En el segundo apartado del capítulo se exponen los resultados de la población con estudios superiores en el mercado laboral. Entre otras cuestiones se señala que en 2016 el 35,7% de la población adulta española, de entre 25 y 64 años, tenía una titulación de educación terciaria, el duodécimo valor más elevado de los 28 países de la Unión Europea (y cinco puntos por encima de la media de la UE). En cambio, España era el país con menos proporción de adultos con estudios secundarios postobligatorios no terciarios: bachillerato, ciclos formativos de grado medio (22,6% frente al 46,3% de la UE) y, junto a Portugal y Malta, el que tenía más proporción con solamente estudios obligatorios (41,7% frente al 23% de la UE). Por otro lado, respecto a aquellos en un nivel inmediatamente inferior de estudios, la tasa de ocupación de los graduados superiores era 10,6 puntos mayor y la de paro 6,1 puntos inferior. Las diferencias relativas en la Unión Europea eran inferiores, por lo que la ventaja de ser graduado superior sería más elevada en España que en la UE, al menos en estas variables. Ahora bien, en el contexto de la UE, solamente los graduados superiores de Grecia tenían menos tasa de ocupación que los españoles y más tasa de paro. La diferencia con los registros promedios de la UE eran de 5-6 puntos. En 2007, antes de la última crisis, dicha diferencia era insignificante y en 2013, el momento más bajo de la crisis, el gap era de 7-9 puntos. Lo cual indica que si bien la crisis afectó más a España que al conjunto de la UE, en la recuperación se están aprovechando más los graduados superiores españoles. En cualquier caso, la crisis afectó menos a dichos graduados que a aquellos con un nivel inferior de estudios. De igual manera, los graduados superiores muestran respecto a los de un nivel de estudios inferior menos trabajo a tiempo parcial y menos contratación temporal, así como mayores salarios. En este último caso, un titulado en los niveles universitarios más elevados (máster, doctorado) ingresaba un 63,1% más que aquellos con bachillerato o ciclos formativos de grado medio y un 91,3% más que alguien con estudios obligatorios, como máximo. No obstante, la “prima salarial” por tener un nivel educativo más elevado era menor en España que en la UE.


En el tercer apartado se analiza la oferta y demanda de empleo de alta cualificación y el grado de ajuste relativo entre ambas, profundizando en la cuestión de hasta qué punto los graduados superiores acaban ocupando puestos de baja cualificación, dado que normalmente la demanda de puestos por parte de los trabajadores supera a la oferta de las empresas. En este sentido, el capítulo muestra que de los contratos de trabajo que se firmaron en 2016 con graduados universitarios el 34,4% de los mismos fueron para desempeñar puestos de baja cualificación. La cifra de sobreeducación o sobrecualificación así entendida lleva creciendo desde principios de la presente década. En perspectiva internacional y atendiendo a una variable stock como es el porcentaje de ocupados graduados superiores trabajando en un momento concreto del tiempo en un puesto que no es de alta cualificación, España vuelve a salir mal parada. Así, en 2016, el 36,8% de todos los graduados superiores españoles que estaban trabajando lo hacían en puestos de baja cualificación, frente al 23% de la UE. De hecho, el dato español era el más elevado de los 28 países de la Unión Europea. Esta mala situación se produce porque aunque España genera graduados con titulación superior por encima de la media (en cinco puntos), no es capaz de producir ocupaciones suficientes de alta cualificación: en 2016 menos de una tercera parte del total de ocupados estaban empleados en puestos de alta cualificación en España (ocho puntos por debajo del dato de la UE).


Finalmente, en el cuarto apartado del capítulo se lleva a cabo un análisis del proceso de inserción laboral de los graduados universitarios españoles por titulaciones, a partir de los datos del Instituto Nacional de Estadística, que se refieren a la situación laboral que tenían en 2014 los egresados en grado y similar en el curso 2009-2010. Entre otras cuestiones se indica que aquellos con menor porcentaje en paro y mayor porcentaje trabajando eran los ingenieros en Informática, Telecomunicaciones e Industriales y los licenciados en Medicina. En cuanto a las ganancias obtenidas, los egresados con unos valores más elevados eran los licenciados en Medicina, ya que más del 80% se ubicaban en el último y más elevado quintil de la distribución de ingresos. Les seguían los graduados en Ingeniería de la Edificación, los licenciados en Criminología y los ingenieros de Organización Industrial, Telecomunicaciones, Industriales y Caminos, Canales y Puertos. El mejor ajuste entre el trabajo que desarrollaban y sus estudios se daba para los licenciados en Odontología y Medicina, seguidos de los licenciados en Farmacia y los ingenieros en Informática. Finalmente, también se puede remarcar que algo más de las tres cuartas partes de los egresados en 2009-2010 realizaron prácticas durante la carrera, mientras que solo un 14% realizaron parte de sus estudios fuera de España. Así como que un 90% se mostraba satisfecho por haber estudiado en la universidad, aunque tres de cada diez hubiera elegido otra carrera, con máximos superiores al 45% para los licenciados en Comunicación Audiovisual, Periodismo, Publicidad y Relaciones Públicas, Ciencias Ambientales, los diplomados en Relaciones Laborales, Gestión y Administración Pública, Turismo y los arquitectos técnicos y los ingenieros técnicos de Obras Públicas.

Para más detalle, el capítulo se puede consultar en este enlace .

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