Capítulo 2 Informe CYD 2015. Graduados universitarios y mercado de trabajo - El Blog de la Fundación CYD

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jueves, 29 de septiembre de 2016

Capítulo 2 Informe CYD 2015. Graduados universitarios y mercado de trabajo


El segundo capítulo del Informe CYD 2015 consta de cuatro apartados, en los que se analiza
  1. la situación actual y la evolución reciente de los egresados en el sistema universitario español, 
  2. aspectos claves laborales tales como el porcentaje de población adulta que es graduada superior, la tasa de actividad, ocupación y paro de estos titulados, las características del empleo que ocupan o sus ganancias relativas,
  3. la relación entre oferta y demanda de empleo de alta cualificación, presentando el grado de ajuste o desajuste relativo que se produce y observando hasta qué punto aquellos que tienen estudios superiores acaban siendo empleados en tareas que no son de alta cualificación (sobreeducación) y 
  4. los resultados más recientes disponibles acerca de los procesos de inserción laboral de los graduados universitarios y la formación permanente realizada por la población adulta española.


Entre los aspectos más destacados del capítulo cabe indicar, en primer lugar, que en el curso 2013-2014, entre egresados en grado, máster oficial y doctores, casi 312.000 personas se incorporaron al mercado de trabajo español con una nueva titulación universitaria. El perfil de estos graduados era mayoritariamente el de una mujer, que había cumplido ya los 25 años de edad, egresado en ciencias sociales y jurídicas, en una universidad pública presencial y de nacionalidad española.

En términos de comparación con la UE, España alcanzaba en 2014 una elevada proporción de egresados universitarios en relación a su población joven. Pero la ratio entre el número de graduados universitarios en ciencias y tecnología y la población de entre 20 y 29 años era inferior.

Por ámbitos de conocimiento España estaba sobreespecializada en la generación de graduados en formación de personal docente y ciencias de la educación y ligeramente en salud. Por otro lado, también es interesante destacar que solamente el 34% de los que entraron en 2009-2010 en un grado de 4 años pudieron acabar la carrera en el periodo típico establecido, mientras que si se toma un curso más, ya era casi uno de cada dos los que habían acabado los estudios.

Las mujeres tenían unas tasas mayores que las de los varones y por ámbitos de estudio los mejores registros se daban en formación de docentes, tanto de enseñanza primaria como infantil, y enfermería, estando en el lado opuesto informática, matemáticas y estadística, ciencias físicas, químicas, geológicas, economía, e ingenierías.

En segundo lugar, hay que indicar que en 2015 el 35,1% de la población española de 25 a 64 años tenía una titulación de educación superior, cinco puntos más que la UE. Mientras que la tasa de actividad española de estos graduados era superior a la de la UE (el duodécimo mayor valor, de hecho), la tasa de ocupación era inferior y la de paro más elevada. Solamente Grecia mostraba una tasa de ocupación inferior a la española y una tasa de paro superior.

La evolución 2007-2013 fue mucho peor para los graduados superiores en España que en la UE. Así, la tasa de ocupación descendió más de ocho puntos porcentuales en nuestro país por los menos de dos en la UE, mientras que el número de parados crecía prácticamente el triple en España que en la Unión. En cambio, en 2013-2015 la evolución española ha sido mucho mejor también que la de la UE. Así, por ejemplo, la tasa de paro ha descendido dos puntos y medio, por las siete décimas de la Unión. La mejor evolución española no solamente tiene que ver con el incremento de la ocupación, sino también con el reducido aumento de la población activa que es graduada superior, menos de la mitad que en la UE. Los graduados superiores en España se caracterizaban, respecto a sus homólogos de la UE, por registrar menores porcentajes de empleados por cuenta propia, pluriempleados, o trabajando a tiempo parcial y, en cambio, mayor porcentaje de subocupados y de empleados temporales (el valor español era el segundo más elevado de la Unión, en ambos casos). En España lo que cobraba un graduado superior era un 51% más elevado que lo que ingresaba un adulto con un nivel educativo inmediatamente inferior. Esta cifra era menor, no obstante, que la que se daba en la OCDE en promedio (60%). De hecho, de los 34 países que ofrecían datos, España era el decimocuarto con menor porcentaje.

Del tercer apartado del capítulo, lo más destacable es, respecto a la sobreeducación, que más de una tercera parte de los contratos iniciales firmados en 2015 con graduados universitarios fueron para desempeñar tareas que no eran de alta cualificación. La cifra de sobreeducación, así entendida, está creciendo desde 2010. En términos de comparación internacional, en 2015 España destacaba, de nuevo, por ser el país de la UE en que un menor porcentaje de graduados superiores de entre 25 y 64 años que estaban empleados desempeñaban ocupaciones de alta cualificación: un 62,6%, en media anual, por el 77% de la Unión. El dato español de 2015, además, suponía un retroceso de siete décimas respecto al año anterior. Este mayor nivel de sobreeducación español se debe a que su estructura productiva no produce suficientes ocupaciones de alta cualificación: en 2015 el 32,9% de los ocupados en España entre 25 y 64 años lo estaba en tareas de alta cualificación, por el 40,7% de la UE. Y, por el contrario, la generación española de graduados superiores está entre las mayores dentro de los países europeos: en 2015, España era el duodécimo país de la Unión con más porcentaje de población adulta en posesión de una titulación de nivel superior.

Del cuarto apartado, hay que destacar que -según datos de la vida laboral de los afiliados a la Seguridad Social y de la Encuesta de Inserción Laboral de titulados universitarios, del INE- por géneros se registran peores indicadores de inserción laboral para las mujeres tituladas universitarias que para los hombres, en forma de menor tasa de ocupación y mayor tasa de paro cuatro años después de su graduación, menor estabilidad en el empleo, más porcentaje trabajando a tiempo parcial, mayor sobreeducación o menores salarios (contratados a tiempo completo), por ejemplo. Asimismo se constata que los resultados de inserción laboral de aquellos que se titulan en universidades privadas son mejores que los que lo hacen en universidades públicas y se pone de relieve que las ramas de enseñanza con mejores indicadores, en general, de inserción laboral son las ciencias de la salud e ingeniería y arquitectura, estando en el lado opuesto artes y humanidades. Otras conclusiones son la poca importancia relativa de los autónomos (empresarios o trabajadores independientes, en torno al 10% de los egresados); el incremento de la calidad de inserción laboral conforme mayor sea el nivel de educación terciaria poseída: mejor los doctores que los graduados en máster oficial y mejor éstos que los egresados en grado y, de manera lógica, queda claro que las diferencias entre el primer empleo y el empleo actual (en 2014, de aquellos graduados en el curso 2009-2010) son nítidas, con una mayor calidad de inserción laboral en el segundo caso.

El capítulo está disponible para su descarga aquí.

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